Día Mundial de la Radio
La Radio
Los primeros antecedentes de la radio datan del siglo
XIX, con la invención de la pila voltaica por Alessandro Volta. Desde ese
momento se comenzaron a construir los primeros telégrafos, los cuales fueron
evolucionando gracias a las aportaciones de Samuel Morse, con el código morse.
En 1876, Graham Bell fue el primer científico británico
que descubrió que los sonidos podían ser escuchados a través de un cable.
Pero no fue sino hasta el siglo XX, que Fleming y Fessenden, lograron la
transmisión de la voz humana, cuestión que originó el comienzo de ese medio.
Previo al nacimiento de los aparatos radiofónicos, se
realizó una investigación basada en las ondas electromagnéticas de James Clerk
Maxwell, las cuales fueron validadas por Heinrich Rudolf Hertz a través de un
dispositivo por medio del cual mostró cómo crear ondas electromagnéticas y el
proceso para detectarlas. Sin embargo fue Marconi, quien gracias a sus
conocimientos, permitió que las señales sonoras pudieran propagarse hasta 20
Km, un gran logro para la época y para la evolución de este medio, la radio.
Historia de la
Radio
La historia de la radio describe los pasos importantes en
la evolución de la radiocomunicación y el medio de comunicación llamado radio
desde el descubrimiento de las ondas de radio hasta la actualidad.
Las bases teóricas de la propagación de ondas
electromagnéticas fueron descritas por primera vez por James Clerk Maxwell en
un documento dirigido a la Royal Society (1873) titulado “Una teoría dinámica
del campo electromagnético”, que describía sus trabajos entre los años 1861 y
1865. Su teoría, era que los campos eléctricos variables crean campos
magnéticos variables, y viceversa, con lo que unos u otros crearán a su vez
nuevos campos eléctricos o magnéticos variables que se propagarán por el
espacio en forma de campos electromagnéticos variables sucesivos, los cuales se
alejarán en forma de ondas electromagnéticas de la fuente donde se originaron.
Heinrich Rudolf Hertz, en 1888, fue el primero en
demostrar la teoría de Maxwell, al idear como «crear» artificialmente tales
ondas electromagnéticas y como detectarlas y, a continuación, llevando a la
práctica emisiones y recepciones de estas ondas y analizando sus
características físicas demostrando que las ondas creadas artificialmente
tenían todas las propiedades de las ondas electromagnéticas «teóricas» y
descubriendo que las ecuaciones de las ondas electromagnéticas podían ser
reformuladas en una ecuación diferencial parcial denominada ecuación de onda.
El dispositivo que diseñó para producir ondas
electromagnéticas consistía en dos barras metálicas del mismo tamaño alineadas
y muy próximas por uno de sus extremos y que terminaban en una bola metálica
por el otro; sobre una de estas barras eran inyectados «paquetes de electrones»
a muy alta tensión que a su vez eran extraídos de la otra barra; los intensos
cambios en el número de electrones que esto provocaba en las barras daba origen
a descargas de electrones de una a otra barra en forma de chispas a través del
estrecho espacio que las separaba, descargas que se producían de una forma que
se podría calificar de elástica u oscilante ya que tras una «inyección» de
electrones en una barra se producían descargas alternadas de electrones de una
a otra barra cada vez de menor intensidad hasta desaparecer al fin por las
resistencias eléctricas.
Estos cambios alternantes en el número de electrones que
tenía cada barra hacía que a lo largo de ellas se propagaran variaciones de la
carga eléctrica, lo que originaba campos eléctricos variables de signo opuesto
en torno de ellas. Tales campos eléctricos variables daban origen a campos
magnéticos variables y estos, a nuevos campos eléctricos variables, con lo que
se producían ondas electromagnéticas que se difundían desde esas barras.
Las «inyecciones» y «sustracciones» de «paquetes de
electrones» se conseguían mediante intensos impulsos eléctricos provocados por
una bobina de un gran número de espiras que tenía sus extremos unidos cada uno
a una de las dos barras y que tenía otra bobina de un pequeño número de espiras
concéntrica a ella. Esta segunda bobina recibía breves impulsos eléctricos en
baja tensión que inducía a la bobina de gran número de espiras la cual los
transformaba en impulsos de muy alta tensión.
El receptor era una barra metálica de forma circular y
con sus dos extremos muy próximos uno de otro; la longitud de esta barra estaba
calculada para que fuera resonante a los campos magnéticos variables originados
en las barras emisoras; las corrientes de electrones provocadas en tal barra
receptora por los campos magnéticos variables que captaba causaban pequeñas
descargas de electrones entre sus extremos, descargas que eran visibles en
forma de chispas.
Hertz dio un paso de gigante al afirmar y probar que las
ondas electromagnéticas se propagan a una velocidad similar a la velocidad de
la luz y que tenían las mismas características físicas que las ondas de luz,
como las de reflejarse en superficies metálicas, desviarse por prismas, estar
polarizadas, etc., sentando así las bases para el envío de señales de radio.
Aun cuando fueron necesarios muchos
descubrimientos en el campo de la electricidad hasta llegar a la radio, su
nacimiento data en realidad de 1873, año en el que el físico británico James
Clerk Maxwell publicó su teoría sobre las ondas electromagnéticas (véase Radiación
electromagnética: Teoría).
A finales del siglo XIX
La teoría de Maxwell se refería sobre
todo a las ondas de luz; quince años más tarde, el físico alemán Heinrich Hertz
logró generar eléctricamente tales ondas. Suministró una carga eléctrica a un
condensador y a continuación le hizo un cortocircuito mediante un arco
eléctrico. En la descarga eléctrica resultante, la corriente saltó desde el
punto neutro, creando una carga de signo contrario en el condensador, y después
continuó saltando de un polo al otro, creando una descarga eléctrica oscilante
en forma de chispa. El arco eléctrico radiaba parte de la energía de la chispa
en forma de ondas electromagnéticas. Hertz consiguió medir algunas de las
propiedades de estas ondas “hercianas”, incluyendo su longitud y velocidad.
La idea de utilizar ondas
electromagnéticas para la transmisión de mensajes de un punto a otro no era
nueva; el heliógrafo, por ejemplo, transmitía mensajes por medio de un haz de
rayos luminosos que se podía modular con un obturador para producir señales en
forma de los puntos y las rayas del código Morse (véase Samuel F. B.
Morse). A tal fin la radio presenta muchas ventajas sobre la luz, aunque no
resultasen evidentes a primera vista. Las ondas de radio, por ejemplo, pueden cubrir
distancias enormes, a diferencia de las microondas (usadas por Hertz).
Las ondas de radio pueden sufrir
grandes atenuaciones y seguir siendo perceptibles, amplificables y detectadas;
pero los buenos amplificadores no se hicieron una realidad hasta la aparición
de las válvulas electrónicas. Por grandes que fueran los avances de la
radiotelegrafía (por ejemplo, en 1901 Marconi desarrolló la comunicación
transatlántica), la radiotelefonía nunca habría llegado a ser útil sin los
avances de la electrónica. Desde el punto de vista histórico, los desarrollos
en el mundo de la radio y en el de la electrónica han ocurrido de forma
simultánea.
Para detectar la presencia de la radiación
electromagnética, Hertz utilizó un aro parecido a las antenas circulares. En
aquella época, el inventor David Edward Hughes había descubierto que un contacto
entre una punta metálica y un trozo de carbón no conducía la corriente, pero si
hacía circular ondas electromagnéticas por el punto de contacto, éste se hacía
conductor. En 1879 Hughes demostró la recepción de señales de radio procedentes
de un emisor de chispas alejado un centenar de metros. En dichos experimentos
hizo circular una corriente de una célula voltaica a través de una válvula
rellena de limaduras de cinc y plata, que se aglomeraban al ser bombardeadas
con ondas de radio.
Este principio lo utilizó el físico
británico Oliver Joseph Lodge en un dispositivo llamado cohesor para detectar
la presencia de ondas de radio. El cohesor, una vez hecho conductor, se podía
volver a hacer aislante golpeándolo y haciendo que se separasen las partículas.
Aunque era mucho más sensible que la bocina en ausencia de amplificador, el
cohesor sólo daba una única respuesta a las ondas de radio de suficiente
potencia de diversas intensidades, por lo que servía para la telegrafía, pero
no para la telefonía.
El ingeniero electrotécnico e inventor
italiano Guglielmo Marconi está considerado universalmente el
inventor de la radio. A partir de 1895 fue desarrollando y perfeccionando el
cohesor y lo conectó a una forma primitiva de antena, con el extremo conectado
a tierra. Además mejoró los osciladores de chispa conectados a antenas
rudimentarias. El transmisor se modulaba mediante una clave ordinaria de
telégrafo. El cohesor del receptor accionaba un instrumento telegráfico que
funcionaba básicamente como amplificador.
En 1896 consiguió transmitir señales desde
una distancia de 1,6 km, y registró su primera patente inglesa. En 1897
transmitió señales desde la costa hasta un barco a 29 km en alta mar. Dos
años más tarde logró establecer una comunicación comercial entre Inglaterra y
Francia capaz de funcionar con independencia del estado del tiempo; a
principios de 1901 consiguió enviar señales a más de 322 km de distancia,
y a finales de ese mismo año transmitió una carta entera de un lado a otro del
océano Atlántico. En 1902 ya se enviaban de forma regular mensajes
transatlánticos y en 1905 muchos barcos llevaban equipos de radio para
comunicarse con emisoras de la costa. Como reconocimiento a sus trabajos en el
campo de la telegrafía sin hilos, en 1909 Marconi compartió el Premio Nobel de
Física con el físico alemán Karl Ferdinand Braun.
A lo largo de todos estos años
se introdujeron diferentes mejoras técnicas. Para la sintonía se utilizaron
circuitos resonantes dotados de inductancia y capacitancia. Las antenas se
fueron perfeccionando, descubriéndose y aprovechándose sus propiedades
direccionales. Se utilizaron los transformadores para aumentar el voltaje
enviado a la antena. Se desarrollaron otros detectores para complementar al
cohesor y su rudimentario descohesor. Se construyó un detector magnético basado
en la propiedad de las ondas magnéticas para desmagnetizar los hilos de acero,
un bolómetro que medía el aumento de temperatura de un cable fino cuando lo
atravesaban ondas de radio y la denominada válvula de Fleming, precursora de la
válvula termoiónica o lámpara de vacío.
Siglo XX
El desarrollo de la válvula
electrónica se remonta al descubrimiento que hizo el inventor estadounidense
Thomas Alva Edison al comprobar que entre un filamento de una lámpara
incandescente y otro electrodo colocado en la misma lámpara fluye una corriente
y que además sólo lo hace en un sentido. La válvula de Fleming apenas difería
del tubo de Edison. Su desarrollo se debe al físico e ingeniero eléctrico
inglés John Ambrose Fleming en 1904 y fue el primer diodo, o válvula de dos
elementos, que se utilizó en la radio. El tubo actuaba de detector,
rectificador y limitador.
En 1906 se produjo un avance
revolucionario, punto de partida de la electrónica, al incorporar el inventor
estadounidense Lee de Forest un tercer elemento, la rejilla, entre el filamento
y el cátodo de la válvula. El tubo de De Forest, que bautizó con el nombre de
audión y que actualmente se conoce por triodo (válvula de tres elementos), en
principio sólo se utilizó como detector, pero pronto se descubrieron sus
propiedades como amplificador y oscilador; en 1915 el desarrollo de la
telefonía sin hilos había alcanzado un grado de madurez suficiente como para
comunicarse entre Virginia y Hawai (Estados Unidos) y entre Virginia y París
(Francia).
Las funciones rectificadoras de los cristales
fueron descubiertas en 1912 por el ingeniero eléctrico e inventor
estadounidense Greenleaf Whittier Pickard, al poner de manifiesto que los
cristales se pueden utilizar como detectores. Este descubrimiento permitió el
nacimiento de los receptores con detector de cristal, tan populares en la
década de 1920. En 1912, el ingeniero eléctrico estadounidense Edwin Howard
Armstrong descubrió el circuito reactivo, que permite realimentar una válvula
con parte de su propia salida. Éste y otros descubrimientos de Armstrong
constituyen la base de muchos circuitos de los equipos modernos de radio.
En 1902, el ingeniero estadounidense
Arthur Edwin Kennelly y el físico británico Oliver Heaviside (de forma independiente
y casi simultánea) proclamaron la probable existencia de una capa de gas
ionizado en la parte alta de la atmósfera que afectaría a la propagación de las
ondas de radio. Esta capa, bautizada en principio como la capa de Heaviside o
Kennelly-Heaviside, es una de las capas de la ionosfera. Aunque resulta
transparente para las longitudes de onda más cortas, desvía o refleja las ondas
de longitudes más largas. Gracias a esta reflexión, las ondas de radio se
propagan mucho más allá del horizonte.
La propagación de las ondas de radio en la
ionosfera se ve seriamente afectada por la hora del día, la estación y la
actividad solar. Leves variaciones en la naturaleza y altitud de la ionosfera,
que tienen lugar con gran rapidez, pueden afectar la calidad de la recepción a
gran distancia. La ionosfera es también la causa de un fenómeno por el cual se
recibe una señal en un punto muy distante y no en otro más próximo. Este
fenómeno se produce cuando el rayo en tierra ha sido absorbido por obstáculos
terrestres y el rayo propagado a través de la ionosfera no se refleja con un
ángulo lo suficientemente agudo como para ser recibido a distancias cortas
respecto de la antena.
Radio de onda
corta
Aun cuando determinadas zonas de las diferentes
bandas de radio, onda corta, onda larga, onda media, frecuencia muy alta y
frecuencia ultra alta, están asignadas a muy diferentes propósitos, la expresión
“radio de onda corta” se refiere generalmente a emisiones de radio en la gama
de frecuencia altas (3 a 30 MHz) que cubren grandes distancias, sobre todo
en el entorno de las comunicaciones internacionales. Sin embargo, la
comunicación mediante microondas a través de un satélite de comunicaciones,
proporciona señales de mayor fiabilidad y libres de error (véase Comunicaciones
vía satélite).
Por lo general se suele asociar a los
radioaficionados con la onda corta, aunque tienen asignadas frecuencias en la
banda de onda media, la de muy alta frecuencia y la de ultraalta, así como en
la banda de onda corta. Algunas conllevan ciertas restricciones pensadas para
que queden a disposición del mayor número posible de usuarios.
Durante la rápida evolución de la radio
tras la I Guerra Mundial, los radioaficionados lograron hazañas tan
espectaculares como el primer contacto radiofónico (1921) transatlántico.
También han prestado una ayuda voluntaria muy valiosa en caso de emergencias
con interrupción de las comunicaciones normales. Ciertas organizaciones de
radioaficionados han lanzado una serie de satélites aprovechando los
lanzamientos normales de Estados Unidos, la antigua Unión Soviética y la
Agencia Espacial Europea (ESA). Estos satélites se denominan normalmente Oscar
(Orbiting Satellites Carrying Amateur Radio). El primero de ellos, Oscar
1, colocado en órbita en 1961, fue al mismo tiempo el primer satélite no
gubernamental; el cuarto, en 1965, proporcionó la primera comunicación directa
vía satélite entre Estados Unidos y la Unión Soviética. A principios de la
década de 1980 había en todo el mundo más de 1,5 millones de licencias de
radioaficionados, incluidos los de la radio de banda ciudadana.
Evolución de
la Radio
En 1906, Alexander Lee de Forest mejoró el invento
otorgándole con su triodo mayor potencia y calidad de transmisión, y permitió
así la proliferación de las emisiones de radio.
En 1907, se inventó la válvula que modula las ondas de
radio que se emiten y de esta manera creó ondas de alta potencia en la
transmisión. La nueva gran invención fue la válvula termoiónica detectora,
inventada por un equipo de ingenieros de Westinghouse.
En 1918 Edwin Armstrong inventó el superheterodino, y
mejoró así la calidad de los receptores.
En los primeros tiempos de la radio toda la potencia
generada por el transmisor pasaba a través de un micrófono de carbón.
La amplificación mediante válvula termoiónica revolucionó
tanto los radiorreceptores como los radiotransmisores. Philips, Bell, Radiola y
Telefunken consiguieron, a través de la comercialización de receptores de
válvulas que se conectaban a la energía eléctrica, la audición colectiva de la
radio en 1928.
En 1933 Edwin Armstrong representa un sistema de radio de
alta calidad, inmune a los parásitos radioeléctricos, utilizando la modulación
de frecuencia (FM).
Los laboratorios Bell inventaron el transistor y, con
ello, del aumento de la comunicación radiofónica. Para los años 50 la
tecnología en la radio experimentó un gran número de mejoras que se tradujeron
en la generalización del uso del transistor.
En 1957, la firma Regency introduce el primer receptor
transistorizado, lo suficientemente pequeño para ser llevado en un bolsillo y
alimentado por una pequeña batería.
En 1963, se establece la primera comunicación radio vía
satélite.
Con la expansión discocráfica en los años 1960 y 1980 se
generaliza la figura del disk-jokey y el tocadiscos.
Las nuevas tecnologías digitales comienzan a aplicarse al
mundo de la radio en los años 1990. Se aumenta la calidad del sonido y se
amplia la cantidad de almacenaje. Se produce una sofisticación de los medios de
edición y producción que tiene como característica principal la automatización
de las emisoras.
Para finales del siglo XX, radioaficionados comienzan a
utilizar ordenadores personales para procesar señales de radio mediante
distintas interfaces (Radio Packet).
La radio con la Internet avanza aceleradamente. Grandes
emisoras de radio transmiten sus emisiones por Internet, la primera y más
sencilla es una emisión en línea, la cual con el avance creativo de los
productores radiales deberá seguir evolucionando, lo que irá a la par con el
desarrollo de la banda ancha en Internet.
Radio Contemporánea
Los enormes avances en el campo de la
tecnología de la comunicación radiofónica a partir de la II Guerra Mundial han
hecho posible la exploración del espacio, puesta de manifiesto especialmente en
las misiones Apolo a la Luna (1969-1972). A bordo de los módulos de
mando y lunar se hallaban complejos equipos de transmisión y recepción, parte
del compacto sistema de comunicaciones de muy alta frecuencia. El sistema
realizaba simultáneamente funciones de voz y de exploración, calculando la
distancia entre los dos vehículos mediante la medición del tiempo transcurrido
entre la emisión de tonos y la recepción del eco. Las señales de voz de los
astronautas también se transmitían simultáneamente a todo el mundo mediante una
red de comunicaciones. El sistema de radio celular es una versión en miniatura
de las grandes redes radiofónicas.
Radio
comercial
Aunque no fue ésta su finalidad
original, pronto se pensó en la posibilidad de utilizar la radio como medio de
comunicación de masas. Su capacidad se puso a prueba el 2 de noviembre de 1920,
cuando la emisora KDKA de Pittsburg retransmitió la elección del nuevo
presidente estadounidense, Warren G. Harding; su mensaje fue escuchado por
1.000 personas.
Los avances en la electrónica
hicieron posible la fabricación de nuevos y más baratos aparatos de radio. Su
extensión y el éxito del medio como vehículo de comunicación dieron paso a una
nueva actividad empresarial, la radio comercial. En 1925 había unas 600
emisoras repartidas por todo el mundo y en la década de 1960 su número llegaba
a las 10.000. Emisoras vinculadas a importantes empresas de comunicación
coexisten con emisoras locales de mucho menor alcance pero de gran resonancia
allí donde actúan.
Radio en
internet
La radio tiene un hueco especial en
Internet. En la actualidad, hay más de 4.000 emisoras que transmiten a través
de ese medio, en su mayor parte ligadas a emisoras de radio convencionales,
aunque hay empresas que han creado emisoras específicas.
La radio en
América Latina
En América Latina, los argentinos fueron los primeros que
comenzaron a fabricar aparatos radiofónicos. El médico Enrique Susini, montó un
transmisor de 5W en la azotea del teatro Coliseo, para llevar a cabo la primera
transmisión. Siendo hasta el 27 de Agosto de 1920, cuando por fin pudo
transmitirse en Buenos Aires, una ópera de Richard Wagner, fue considerado el
primer programa dirigido al público de todo el continente.
La primera emisora que daba un servicio regular fue KDAK
de Pittsburg, cuya “cabina” estaba instalada en un garaje de la Westinghouse.
La radio en
México
En 1921, fue el año en que se hicieron las primeras
transmisiones radiofónicas en México por Constantino de Tárnava, quien inició
en Monterrey las transmisiones regulares de una emisora a la que llamó TND
(Tárnava Notre Dame), en cuyo programa había un tenor, dos pianistas y un
declamador.
En 1923 se propició una especie de radiomanía en México,
puesto que en Marzo, comenzaron las transmisiones de la emisora. Estas fueron
dirigidas por el Ingeniero José de la Herrán. El 8 de Mayo de este año,
surge “La Casa de la Radio” que posteriormente es identificada por las
siglas del señor Raúl Azcárraga.
Años más tarde, el 18 de septiembre de 1930, inició sus
actividades la XEW. El primer locutor de esta estación fue el actor Arturo de
Córdoba, con una programación versátil. Esta radiodifusora comenzó sus
actividades con el slogan de “XEW: LA VOZ DE LA AMÉRICA LATINA DESDE
MÉXICO”. En 1947, empieza a difundir sus programas la XEX.
Los años 50
Algunos de los programas que marcaron época fueron: “LA
TREMENDA CORTE”, un programa dirigido por personajes de la comedia radiofónica
que encabezaba Leopoldo Fernández o Dr. I.Q. (Intelligence Quotation:
coeficiente intelectual) que se estructuraba a base de preguntas y los
radioescuchas que contestaban rápidamente, se llevaban un premio.
Es un hecho que con el paso de los años, la radio, este
medio de comunicación ha evolucionado de forma sorprendente, adaptándose a las
nuevas tecnologías de la comunicación. Es un medio que lejos de entretener,
también funge como medio informativo.

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